Para entender el conjunto de las fiestas y las costumbres de Andorra hay que tener en cuenta tanto su carácter cultural catalán como la especificidad de su situación geográfica y de su historia.

Por ello, además de las grandes semejanzas entre las fiestas del Principado y las de las regiones vecinas, cada parroquia, cada pueblo, cada barrio ha ido adquiriendo peculiaridades respecto a otras parroquias, villas o aldeas de los valles de Andorra.

 

Historia y Tradiciones

La historia de la villa es larga. En la llanura de Andorra la Vella tenemos documentados asentamientos humanos ya desde el segundo milenio aC. Habrá que esperar pero, hasta el siglo IV dC para encontrar restos de una cierta importancia – en este caso de una fortificació-, el Roc de Enclar, puesto que se convierte en uno de los principales núcleos habitados de Andorra donde, al principio del siglo VIII, se construye una de las primeras iglesias del país.

La primera mención escrita de Andorra la Vella aparece en el siglo IX, en el acta de consagración de la catedral de la Seu d’Urgell. A partir de este momento, la parroquia y la villa jugarán un papel esencial en el devenir del Principado. Se reunirá el Consell de la Terra, actual Consell General, que tiene su sede en la Casa de la Vall desde el inicio del siglo XVIII. La culminación de esta relevancia es el reconocimiento formal, a la Constitución, de Andorra la Vella como capital del Estado.

Si bien muchas tradiciones se han perdido con el transcurso de los años, actualmente tanto el Comú como los habitantes de la parroquia intentan recuperar y arraigar las costumbres que les son más cercanos por su importancia y por la adaptación que hacen a su manera de vivir. A lo largo del año, casi todas las fiestas y tradiciones populares coinciden con celebraciones religiosas o con ciclos naturales de la tierra. Ejemplos significativos son el baile del «Contrapàs», las «fallas» de San Juan y la «escudella» de San Antonio.